Bolivia se encuentra en una encrucijada, a partir de las declaraciones públicas (voy a eliminar la Aduana, y legalizaremos todos los chutos. Sig.) del candidato a la presidencia que encabeza las encuestas para el próximo ballotage Rodrigo Paz Pereyra, que llevará al ganador a la «Casa Grande del Pueblo«.
Porque la dirigencia chilena se encuentra muy incómoda con estas afirmaciones de Paz; es que el mayor proveedor de autos indocumentados es justamente el país vecino, quienes también se encuentran en un proceso de elecciones presidenciales donde José Antonio Katz encabeza las encuestas y es muy probable que sea el próximo presidente. La colisión entre un demócrata de centro izquierda, y un republicano conservador liberal, puede traer grandes conflictos diplomáticos, hasta se puede vislumbrar un cierre de fronteras que afectaría el tratado del 1904. Pero esta disputa no es bilateral, ya que ZOFRI, la zona franca de Iquique, la más grande de Sudamérica, es regenteada y gerenciada por pakistaníes en su mayor medida y libaneses, jugadores muy importantes en la economía de ambos países, con ingresos millonarios que se pueden constatar en los informes financieros de ZOFRI, donde se ve plasmado los datos de la economía formal, a esto hay que sumarle las ganancias de la economía informal, que por obvias razones no figuran en los papeles, y estas suelen ser más abultadas que la formal. Para el pueblo boliviano según un informa de la OIT (Organización Internacional del Trabajo), la informalidad asciende al 80%, mientras que, en chile, según documentos estadísticos domésticos es del 27,6%. La red transnacional de autos chutos, el mercado gris de vehículos, y el transporte surubí, hacen de Bolivia una idiosincrasia muy particular, pero fértil para los que nos dedicamos a la investigación y pericia vehicular. *
Fabricio Javier Abasto *
La ruta de los chutos: Red transnacional de distribución de autos usados a Bolivia
Los autos chutos son vehículos usados que no cuentan con documentos validos de propiedad y han sido internados a territorio boliviano de manera ilegal. Estos vehículos son utilizados principalmente en áreas
rurales de Bolivia para apoyar actividades agrícolas y comerciales. Y en otros casos, cuando ofrecen servicios de transporte público local representan una fuente ingresos extra para las familias de áreas rurales. En este entendido los autos chutos constituyen una herramienta de trabajo que permite a las personas de áreas rurales desplazarse entre comunidades y centros poblados, o hacia la carretera que muchas veces pueden estar a varias horas a pie. En el caso de los Yungas en La Paz, el uso de autos chutos muestra un proceso interesante, pues los pobladores empiezan a adquirir sus propios vehículos y/o remplazan el transporte en animales de carga por el transporte motorizado. Este proceso es evidente, en la comunidad de Imanaco de Irupana (Sud Yungas, Bolivia) donde los afiliados aseguran que todas las familias de la comunidad por lo menos tienen un auto chuto, o cuando Felicidad, productora de coca de Los Yungas, nos dice “antes mi burrito tomaba agua, ahora toma gasolina”. La presencia de estos vehículos en Los Yungas, zona productora de coca de Bolivia, ha permitido que los campesinos productores de coca pue dan maximizar sus tiempos y productividad. Por ejemplo, la posibilidad de desplazarse de sus casas a sus cocales en un vehículo permite que los campesinos realicen varias actividades durante una jornada. Como ir a cosechar de 7 a 9 de la mañana, y volver a casa cuando el sol esté más fuerte para extender la coca y secarla. Para luego volver al cocal a seguir cosechando hasta mediodía, hora en la que volverán a casa con toda la coca cosechada y además hora en la que recogerán la coca que dejaron secando en la mañana. Actividades que sin la facilidad de transporte motorizado se realizarían en jornadas diferentes. Por otro lado, los autos chutos han permitido una serie de desplazamientos, que antes de su presencia eran impensados, como llevar grupos de cosechadores de Irupana a Chulumani que están a 32 kilómetros de distancia. Por otra parte, los autos chutos han permitido tener a disposición movilidad durante toda la semana, no solo los días de feria (sábado), como
tradicionalmente solía ser. Esto ha posibilitado que la gente se desplace a centros poblados y entre comunidades, no solo con fines de abastecimiento o comerciales, sino también con fines educativos y recreativos como asistir a clases en la escuela del pueblo, asistir a encuentros deportivos, discotecas y fiestas teniendo la seguridad de que encontraran un vehículo para regresar a sus comunidades. Se podría decir que la presencia de estos vehículos en áreas rurales ha impulsado una democratización del transporte motorizado, por sus precios relativamente accesibles que oscilan entre 2000 a 4500 dólares. Sin embargo, estos vehículos no estarían en espacios rurales si no fuera por la participación de una multiplicidad de actores que hacen posible la internación y distribución de estos vehículos a Bolivia. Por tal motivo, en este trabajo nos propusimos explorar y entender mejor la red de internación y distribución de autos chutos, que más allá de vincularse únicamente con el contrabando, la ilegalidad y la escasa presencia del Estado boliviano, nos muestra la dinámica entre una multiplicidad de actores de diferentes latitudes, que han logrado consolidar redes sociales muchas veces basadas en acuerdos de palabra y lazos de solidaridad con normas y códigos propios.
El rol de EEUU, Europa y Japón en el suministro de automóviles usados a “países en desarrollo”
El mercado de suministro de automóviles usados, según UNEP 2020, es impulsado principalmente por EEUU, Europa y Japón, que entre los años 2015 y 2018 exportaron aproximadamente 14 millones de vehículos usa dos a “países en desarrollo”. Este mercado promovido por “países desarrollados” que han impulsado políticas públicas orientadas al consumo, muestra un recambio acelerado de vehículos sin cumplir con su vida útil y económica en los países de origen. Por ejemplo, Japón –el mayor suministrador de vehículos usados a Sud américa– ha impulsado el programa “Shaken”, una inspección vehicular que se realiza cada tres años por normas medio ambientales y arancelarias. El “Shaken” es un programa que suele ser tan riguroso y metódico, que, si se encuentra algún desperfecto en el vehículo, los propietarios pueden llegar a pagar hasta 3000 euros (alrededor de 400.000 yenes). Por esta razón muchos propietarios de vehículos en Japón prefieren cambiar de vehículo antes que cumplir con la inspección vehicular y todo lo que esta conlleva. De ahí que, según UNEP 2020, entre los años 2015 y 2018, Japón exportó 3.9 millones de vehículos usados de los cuales 233,752 fueron enviados a Chile. De modo que en 2018 Chile se convirtió en el tercer mayor importador de vehículos usados a nivel mundial, distribuyendo estos vehículos hacia países como Bolivia, Perú y Paraguay.
Iquique principal nodo distribuidor de vehículos usados de la región andina
La zona franca de Iquique, en Chile, es uno de los mayores importadores de vehículos usados y se constituye en un nodo redistribuidor de estos vehículos a países como Bolivia, Perú y Paraguay. En esta zona se han asentado una serie de importadores de origen chileno, peruano y boliviano que se dedican a la importación de este tipo de vehículos, ya sea de manera directa o con intermediarios “pakistanís” o “turcos”. Los intermediarios “turcos” y “pakistanís” pertenecen a familias asentadas en Japón que se dedican a comprar vehículos usados asistiendo a ferias en casas de subasta presenciales o virtuales. Estos intermediarios una vez que compran los vehículos usados los clasifican según su funcionalidad, los reparan, limpian y posteriormente tramitan su exportación a otros países. En el caso de varios importadores bolivianos de autos usados, en Chile, trabajan con intermediarios “turcos” y “pakistanís” porque han consolidado cierto tipo de acuerdos entre ellos, que permite que muchas veces puedan elegir de “catálogos virtuales” los vehículos que están siendo ofertados en Japón. Matías, un importador orureño que vive entre Iquique y Bolivia desde hace 25 años y se dedica a la venta de vehículos usados desde hace 15 años, nos cuenta que la primera vez que compró un vehículo usado en Iquique, lo compró con miedo porque no sabía si lo vendería en Bolivia. En este caso, él empezó comprando un auto usado en Iquique por un valor de 1400 dólares y lo vendió en Challapata por 2350 dólares, y “comprando, vendiendo, reinvirtiendo” hizo crecer su capital hasta llegar a 70.000 dólares a finales de 2009. A medida que Matías se hizo un comprador habitual en Alto Hospicio y las playas de autos en Iquique, conoció a un proveedor “pakistaní”, que lo “fichó”. “[Y]o compraba pues al por menor como se dice. Pero el pakistaní me ha fichado. No le entendía muy bien lo que hablaba, pero más o menos me ha dicho que cada vez le compro docitos, trecitos que debería llevar más porque hay venta. Él me ha ofrecido traérmelo autos más baratos como ha visto que yo muevo. Me he animado, he invertido unos 30 mil dólares, pero me he hecho traer esa vez 32 autos flamitas como para que anden en Bolivia siempre, no como esos chinos que se desarman. A parte esa vez como sabiendo me ha regalado 3 autos más para repuestos. Así no más he empezado, luego me he alquilado garajes aquí en Iquique para tener a la mano siempre los autos, los llevaba también a Oruro, me compraban también aquí mismo. Pero con el pakistaní bien nos trabajábamos, claro él no viene mucho ya, todo es por teléfono, manda no más y yo aquí recibo y distribuyó a algunos. También ahora hay más competencia los mismos chilenos se han dedicado al negocio, los mismos japoneses mandan y lo venden aquí pero ya pues estamos hablando de más 2000 mil autos…lo máximo que yo he traído serán pues 100” (Entrevista a Matías, diciembre de 2017) Matías ha consolidado una red de personas con las que trabaja en las diferentes etapas que implica vender un auto usado en Chile o chuto en Bolivia. Cuando los vehículos llegan de Japón a Iquique, él necesita registrar los vehículos para que salgan de aduanas, para este fin él trabaja con un grupo de jóvenes mayores de edad -que son hijos de padres bolivianos, pero tienen nacionalidad chilena- que se encargan de registrar los vehículos a su nombre. Aunque en muchos otros casos también contrata a personas en situación de calle para realizar este registro. Una vez que los vehículos usados se encuentran en territorio chileno y legalmente registrados, se encarga de instalar “muestras” de los vehículos en las playas alrededor de ZOFRI y Alto Hospicio en Iquique y manda otra parte de los vehículos a Challapata, un nodo redistribuidor en Bolivia. Cuando los compradores llegan a Iquique, Matías no solo les ofrece los vehículos si no también una serie de servicios como cambio de lado del volante y la internación del vehículo “de manera segura” a cualquier punto de Bolivia. Para la conversión de volantes – los autos que vienen de Japón tienen el volante en el lado derecho y en Bolivia se maneja en el izquierdo- él trabaja con un grupo de mecánicos, predominantemente peruanos y bolivianos, que están instalados en los alrededores de la ZOFRI. Matías lleva a los clientes a los talleres y a cambio los mecánicos convierten uno o dos vehículos de Matías de manera gratuita. Finalmente, en Iquique, Matías ofrece el traslado de los vehículos a Bolivia “de manera segura”. Para este cometido Matías ha consolidado una red de choferes “internadores” que provienen predominantemente de comunidades de Oruro y Potosí -donde está asentada su familia y la de su esposa- que se encargan de internar los vehículos a Bolivia. Para esto han inventado dos tipos de servicio: el servicio “puerta a puerta” y el servicio “copiloto”. En el primero el comprador paga la suma total del vehículo y retorna a su localidad en Bolivia y espera que el vehículo llegue en una semana aproximadamente, por este servicio se cancela entre 300 y 800 dólares adicionales. Y el servicio “copiloto” se refiere a que el comprador va como copiloto del chofer internador en toda la ruta y por este servicio se paga un monto adicional entre 150 a 400 dólares.
Convirtiendo un auto usado en un auto chuto: dinámica transfronteriza de internación de autos chutos a Bolivia
Cuando los vehículos usados son internados en territorio boliviano pasan a denominarse “chutos”, pues en Bolivia no tienen los permisos de circulación y son internados de manera ilegal por los 850km de frontera que comparten Chile y Bolivia. Internar los vehículos de Chile a Bolivia implica la organización logística de diferentes aspectos que son apoyados en actores como los choferes, los denominados “loros” –personas que viven en frontera y se encargan de informar el flujo de carabineros (Chile), militares y COA1 (Bolivia)-, las comunidades fronterizas de Chile y Bolivia y policías. Desde Iquique los vehículos primero llegan a poblaciones como Cariquima, Esquelga, Islum o Umina en Colchane (Chile), para posteriormente llegar a poblaciones como Llica, Sabaya, Pazña, Huachacalla, Cahuana o Quillacas en territorio boliviano. En territorio chileno los habitantes de las poblaciones fronterizas han puesto a disposición sus domicilios como garajes -por precios muy módicos- mientras los choferes esperan las instrucciones y el momento adecuado para cruzar la frontera rumbo a Bolivia.

David, un chofer internador oriundo de Sabaya que trabaja con Matías, nos comenta que “yo llego a Cariquima, me cargo o compro gasolina para los autos, si hay paso normal me voy directo, si no, lo guardo los autos al garaje y me quedo a dormir ahí”, esto por temas de seguridad ya que alguna vez, según nos cuenta, le robaron vehículos en Colchane. Una vez que David recibe la señal por llamada de los “loros”, él, como guía de una caravana de entre 10 a 15 vehículos, se dispone para pasar la frontera hacia Bolivia conduciendo los más rápido que puede, “corriendo como diablo”. En el camino, ocasionalmente los “loros” hacen señales con luces para señalar los pasos libres y caminos por los que deben ingresar a Bolivia. Una vez los vehículos se encuentran en territorio boliviano, ya sea por el salar de Coipasa o por otra ruta alterna, se emprende el viaje principalmente a comunidades fronterizas de Bolivia, donde los pobladores, al igual que en Chile, han habilitado casas como garajes para guardar los ahora denominados, autos chutos. En el paso por las comunidades fronterizas de Bolivia, los choferes internadores que guían la caravana pagan a las comunidades un “derecho de paso”. Y cuando, ocasionalmente, deciden pasar por peajes del Estado, realizan un “aporte voluntario” a los funcionarios y/o policías. Cuando los autos chutos están en territorio boliviano se abren paso hacia todo Bolivia a través del nodo distribuidor principal de Challapata. En este lugar se puede ver que en las casas se han instalado también talleres de cambio de lado de volante y otros servicios mecánicos. Además, se ofrecen otros servicios como “gemeleado de autos” -que consiste en clonar los papeles y placas de vehículos legales- para que puedan llegar a diferentes destinos tanto urbanos como rurales de Bolivia. En el caso de Matias, organiza junto a otros chuteros, ferias departamentales de compra y venta de estos vehículos, generando así nodos redistribuidores en Bolivia: la feria de Patacamaya en La Paz, la feria de Ivirgarzama
en Cochabamba, la feria de Challapata en Oruro, la feria de Pampa Colorada en Potosí, la feria de Vallegrande en Santa Cruz. La ruta de los chutos dibuja una serie de redes que involucra a actores de diferentes latitudes, en este caso japoneses, turcos, pakistanís, chilenos y bolivianos. Que, en base a tratos y alianzas han logrado consolidar modalidades de distribución que muchas veces no son tomadas en cuenta en los análisis convencionales de las cadenas globales. Pero que son importantes a la hora de entender fenómenos como la presencia de autos chutos en diferentes regiones de Bolivia. Dado que estos actores -intermediarios pakistanís y turcos, pequeños importadores, mecánicos, choferes, policías, comunidades, “loros” y compradores- permiten que estos vehículos lleguen a Bolivia. **
Tania Estefany Jiménez Cala**
De Iquique a Bolivia: El negocio «Gris» de los autos sub-facturados
Existen grupos pakistaníes que dominan la comercialización de vehículos en Iquique. Venden motorizados con facturas subvaluadas. El comprador paga menos impuestos en Bolivia. Hay empresas de bolivianos que ingresan al negocio.

Umar Siyab dirige la empresa President Line en Iquique
Está sentando al ingreso de la “playa” de autos con su vestimenta tradicional. Umar Siyab es paquistaní y domina el negocio de venta de vehículos en Iquique, en Chile. Mira su teléfono celular todo el tiempo. Mira a quién entra y sale a su importadora, donde la mayoría de los automóviles están llenos de arena mostrando una imagen como si fueran viejos. Pero no, son de última generación y algunos de alta gama.
Él los ofrece como si fueran motorizados cero kilómetros, pero algunas denuncias dicen que son vehículos con recorrido. Siyab no habla mucho, es serio. Te da la bienvenida y solo invita a mirar los coches. De frente está la “playa” de autos. Frente a frente. Sucios, de toda marca, pero su mayoría son Toyota. Al fondo están los lujosos. Sus ayudantes, que son bolivianos, cuentan que son vehículos acondicionados, lo que aumenta el valor.
Es la importadora President Line Chile. Umar Siyab es el dueño y es una de las tantas empresas con dueños pakistaníes que se asentaron en la ciudad chilena. Funcionan legalmente en el vecino país, pero lo ilegal lo hacen directamente o con terceros al introducir los motorizados a Bolivia.
Se puede mirar los vehículos sin problemas. Incluso invitan a subirse a ellos. Se pueden encontrar motorizados de todos los precios. Desde $us 3.000 hasta $us 50.000. Una camioneta Hilux Adventure del año 2022 está en $us 40.000. Está acondicionada con los detalles de lujo. Es negra y está al final de la larga fila de vehículos.
Esta camioneta puede ingresar legalmente a Bolivia por ser un motorizado fabricado en 2022, ya que la norma establece que solo se pueden importar vehículos con dos años de antigüedad, de acuerdo a la gestión correspondiente.
Los ayudantes “asesoran” en la compra. Explican sobre las características y los beneficios. Al final, piden sacar una fotografía del código del motorizado que está pintado en el vidrio delantero. Luego conducen al dueño de la importadora. Siyab sigue sentado en el ingreso de su negocio. Está vestido todo de blanco y con un taqiyah (gorro) del mismo color. No es de muchas palabras y para negociar pide hablar con su mano derecha: un hombre también pakistaní con la misma vestimenta, solo que en color café. Él invita a ingresar a la oficina, un ambiente pequeño con un computador y muchos papeles en un armario.
La ‘playa’ de autos que se ofrecen en las importadoras
Con códigos
El pakistaní pregunta por qué vehículo se decidió. Se le muestra el código y él explica las características. Da el precio ($us 40.000) y dice que se puede hablar de alguna rebaja. Además, ratifica que la modalidad de factura subvaluada sigue usándose para la venta de sus motorizados. Pero también sugiere que el trámite lo puede realizar una empresa terciarizada.
Se le consulta cuánto sería el precio con una factura subvaluada. “Unos $us 10.000 a $us 15.000 menos”, responde. Luego mira al “comprador” y le dice que si está animado a comprar el vehículo.
Se levanta y termina la reunión. Habla con Sayib y dice que en caso de estar decidido en la compra se puede visitar la oficina nuevamente. Se despide y regresa a la “playa” de vehículos.
La subvaluación de una factura consiste en que el vendedor de un motorizado hace un convenio con el comprador para colocar en la factura una cantidad muy inferior al valor de la transacción real, con el propósito de pagar menos impuestos en la Aduana de Bolivia. Esta operación también afecta a Chile porque deja de percibir impuestos como el IVA.
En Iquique se identifican dos formas de consolidar la subvaluación de una factura: la primera es de manera directa con la importadora que vende el automóvil, cuando ésta accede a dar una factura fraudulenta. Y la segunda, que ahora está poco vigente, es por traspaso, que consiste en que otra empresa de trámites se encarga de hacer el documento subvaluado sin la participación del comerciante del vehículo. La factura puede tener un costo aproximado de $us 30.
Las empresas de bolivianos ofrecen distintos trámites en Iquique
EL DEBER visitó dos de estas empresas. Están ubicadas en la avenida Circunvalación en el barrio Industrial, muy cerca de la Zona Franca de Iquique (Zofri). Ambas son dirigidas por ciudadanos bolivianos. Los dueños son muy cuidadosos al momento de hablar. Hacen una especie de análisis del comprador. Una de las empresas hace un trabajo especializado de transporte de autos de chutos hacia Bolivia. La otra puede hacer el trabajo de subvaluación de factura, aunque aseguran que lo hacen muy poco.
Son oficinas muy pequeñas las que tienen estas empresas. Ambas manejan la misma escala de precios. Realizan traspasos, que son el registro de vehículos; manifiestos, que es un documento en que los transportes de carga internacional terrestre, deben consignar la carga que llevan; y el transporte hasta Arica y Colchane. Hasta ahí todo legal en Chile, pero adicionan el trabajo de transporte a Bolivia por pasos no autorizados y, una de las empresas, puede hacer el trabajo de subfacturación.
“Lo están haciendo (subvaluación de facturas) las empresas (importadoras) directamente. Ya no vienen por acá. Nosotros te podemos llevar tu auto con los chutos”, dijo uno de los administradores de esas empresas.
Multas posteriores
En el Gobierno explican que la Aduana Nacional tiene lista de precios referenciales a los cuales se debe apelar cuando se tramita la nacionalización, en este caso de vehículos con dos años de antigüedad. El Viceministerio de Lucha Contra el Contrabando explicó que esa lista se actualiza de manera permanente y que en la Aduana existe un sistema informático que lanza los precios actualizados de los vehículos.
Además, existe la normativa para poder sancionar con multas a las personas que ingresen sus vehículos con facturas sobrevaluadas en Chile. Se trata del decreto 2295, que establece el procedimiento de nacionalización a través de dos conductos: canales verdes. que es lo más expedito; y rojos, que implica un “reconocimiento físico y documental” de la mercancía importada.
En este decreto también se establece el control diferido y el posterior. Eso significa que en el caso de autos subfacturados puede existir un “control posterior” con multas acumuladas a partir del año que se internó el motorizado.
Un experto en despacho aduanero, que prefirió no dar su nombre porque trabaja en una agencia aduanera, explicó a este medio que en la actualidad existe mucho riesgo al momento de ingresar vehículos con doble factura. La fuente detalló que ese procedimiento bajó de intensidad hace tres años. “Primero, las agencias despachantes son privadas, pero existe un código de ética establecido con la Aduana justamente para evitar estos hechos, como la internación de vehículos que en Chile fueron vendidos con una factura muy por debajo del precio real”, remarcó el especialista.
El punto de inicio es Iquique. En esa ciudad todavía sigue la venta con facturas subvaluadas, pero entregadas por la misma importadora. En Iquique la mayoría de empresas que realizan trámites, traspasos, manifiestos, cambios de volante, reexpediciones y otros trámites pertenecen o son dirigidas por bolivianos.
Las pocas empresas que todavía se animan a realizar este trámite califican como un “traspaso” la venta o compra de un vehículo con factura subvaluada. “¿Ya tienes tu vehículo?”, pregunta el empleado. Se le responde que sí. “Acá entonces podemos hacer el traspaso, aunque ya no sale mucho por los controles”, sigue el empleado. “Me han cotizado a 20.000 (dólares) un minibús Toyota”, lanza el comprador. “Por 10.000 a 12.000 (dólares) se puede hacer una factura”, remata.
Enseguida, el tramitador ofrece el transporte hasta la frontera Chile-Bolivia para que luego el vehículo pase por Aduana. “Ahí con la factura pasa tranquilo, pero primero debemos hacer el traspaso”, dice. Después pregunta de qué importadora se compró el motorizado y admite que existe un trabajo coordinado con vendedores pakistaníes. ***
Eldeber.com.bo***
Transportes Surubí Vs. Autos Surubí
‘Surubís’ sin control facilitan la trata y tráfico de personas
Los famosos ‘suribís’ que operan fuera de la terminal de buses de Cochabamba, son identificados como ‘puntos rojos’ para la trata y tráfico de personas, esto debido a que las empresas estarían evitando controles por parte de la Defensoría de la Niñez y Adolescencia además de la Policía.
Según el informe extendido por Radio Fides en sus redes sociales, la Defensoría de Cercado identifica de esta manera a las empresas de transporte que actualmente trabajan fuera de la jurisdicción de la terminal. Según explican, los operadores de los ‘surubís’ se oponen a la presencia de los funcionarios municipales e incluso de la policía; se oponen también a las inspecciones que se realizan en las terminales y aeropuertos con la finalidad de evitar estos casos de tráfico de personas.
Los operativos se incrementaron ya que, por ser fin de año, también aumentan los viajes a diversos sectores del país y el exterior y se incrementan también los riesgos. En este sentido, es necesario constatar que menores de edad estén viajando en compañía de sus padres y no estén siendo víctimas de engaño por supuestos trabajos en otros departamentos que en realidad están direccionados a la trata y tráfico de personas.
Las autoridades lamentaron esta situación que no será un impedimento para que se sigan haciendo los controles. Recomiendan a la población más joven no caer en este tipo de ofertas en redes sociales que suelen ser más recurrentes por fin de año. También exhortan a los padres de familia a ser más cuidadosos previamente a los viajes y obtener el permiso correspondiente.
Con anterioridad los responsables de las Defensorías municipales informaron que existen puntos habilitados para conseguir los permisos de viajes tanto en terminales como también en las mismas oficinas de esta institución.
Recomiendan además apersonarse con todos los requisitos solicitados y no pasar por alto ninguno, además de venir con un buen tiempo de anticipación, ya que muchas personas dejan el trámite para última hora y las filas se hacen extensas. ****
Lavozbolivia.com****
En conclusión, el transporte Surubí, independientemente que pueda servir para el tráfico ilícito y trata, estos realizan viajes por los caminos que los transportes formales no realizan y por caminos de difícil acceso. Haciendo un parangón, los autos surubí son los que se internalizan al país boliviano por distintas hidrobias de carácter no formal.
En definitiva, los autos chutos son indocumentados que ingresan a Bolivia, pero es de conocimiento público que en su mayoría son de procedencia ilegal, fingir demencia y creer que un vehículo puede ingresar por las aduanas sin documentación alguna, eso es algo lógico. Mejorar las relaciones diplomáticas y mutua colaboración por medio del tratado de asunción, donde haya una comunicación fluida, se podría morigerar la problemática. Los chilenos no son las carmelitas descalzas, si mejorasen su seguridad interior, los vehículos robados no recorrerían tantos kilómetros para trasvasar las fronteras.
Con una política arancelaria acorde a las importaciones de vehículos en estado de uso, con baremos preestablecidos, el mercado gris, tendería al blanco.
Con un control marítimo moderado, se resolverían la internación de vehículos por las hidrobias, como así también los fardos de ropas de segunda mano, el tráfico ilegal de combustible, y un largo etc.
Para ello debemos despojarnos del mal de todos los males de los individuos que llegan al poder, y sus acólitos. LA CORRUPCIÓN. *
*editor responsable (presidente de CIDePA)







